Cuando el rescatista, atado a una cuerda, finalmente llegó al fondo del pozo, el perro ni siquiera tenía fuerzas para tener miedo o mostrar agresividad. Solo parpadeó débilmente con sus ojos húmedos, como si entendiera que su sufrimiento estaba llegando a su fin.El rescatista abrazó con cuidado al congelado y pesado pitbull, le aseguró los arneses especiales y dio la señal al equipo que estaba arriba para que los levantaran.

En el momento en que salieron a la superficie, ocurrió algo por lo que ninguno de los presentes pudo contener las lágrimas:
el perro, a quien más tarde llamaron Well, apoyó su débil cabeza sobre el pecho del rescatista, se acurrucó contra él
y comenzó a emitir sollozos silenciosos que recordaban al llanto humano.
No ladraba, no gimoteaba; simplemente lloraba de gratitud y por la conciencia de haber sobrevivido. Todo el equipo, hombres experimentados que habían visto todo tipo de desgracias, parados alrededor del pozo, lloraban junto con él.Well fue envuelto inmediatamente en mantas calientes y trasladado a una clínica veterinaria.
La temperatura de su cuerpo era peligrosamente baja, y la piel de sus patas estaba desgastada por haber estado tanto tiempo en el agua. Los médicos declararon que había pasado al menos 3 o 4 días en el pozo, sin comida, parado en el agua fría, luchando por su vida cada segundo.La espantosa verdad:
Cuando los defensores de los animales y la policía comenzaron a investigar cómo había terminado el perro en ese pozo abandonado, se reveló una realidad terrible. Well no se había caído allí por accidente.La boca del pozo había estado cubierta con troncos pesados que fueron apartados hacia un lado, y en el borde del foso se encontraron huellas frescas de neumáticos de un automóvil.
Gracias a las cámaras de seguridad de la zona circundante y al microchip en el cuerpo del perro, la policía encontró a su dueño.
Resultó que el dueño, un hombre joven, había decidido deshacerse del perro porque se mudaba a otra ciudad donde estaba prohibido tener animales.
Llevó al perro a ese lugar desierto, le ató una piedra pesada al cuello y lo arrojó al pozo oscuro de 12 metros, con la esperanza de que se ahogara inmediatamente y nadie lo encontrara jamás.
Sin embargo, Well, de manera milagrosa, había logrado liberarse de la piedra bajo el agua, encontrar ese estrecho saliente de piedra y luchar por su vida durante días.
¿Qué pasó después?:Esta historia tuvo un final feliz. El antiguo dueño fue arrestado y condenado por crueldad hacia los animales, recibiendo un castigo severo y una multa enorme
Por su parte, Well se recuperó por completo después de un largo tratamiento. Aquel rescatista que había bajado a buscarlo al pozo, y sobre cuyo pecho el perro había llorado, no pudo separarse de él. Adoptó a Well.
Hoy en día, Well vive rodeado de amor, calidez y seguridad, habiendo olvidado para siempre el horror de aquel pozo oscuro y frío.










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